viernes, 20 de febrero de 2026

CONSIDERACIONES SOBRE LA RESPUESTA DE LA FSSPX AL “CARDENAL” FERNÁNDEZ

Mientras el blog “Wanderer”, prenda de diletantes y de delicuescentes, se pone a “imaginar” –sí, a imaginar- lo que podría ocurrir (AQUÍ), yo analizo lo que verdaderamente ocurrió.

 

Por BRUNO ACOSTA

Un problema grave se presenta a la conciencia y a la fe de todos los católicos desde el comienzo del pontificado de Pablo VI. ¿Cómo puede un Papa, verdadero sucesor de Pedro, garantizado por la asistencia del Espíritu Santo, presidir la destrucción de la Iglesia, la más profunda y extensa de su historia, en el espacio de poco tiempo, como ningún heresiarca jamás logró hacer? Monseñor Marcel Lefebvre (Itinéraires, n. 206, p. 280).

Veo con satisfacción el hecho de que Davide Pagliarani, Superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), en carta en respuesta al “cardenal” Fernández, actual perfecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, haya anunciado (AQUÍ) que consagrará obispos el próximo primero de julio.

También, que haya admitido que con la Iglesia conciliar [...] no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II”. En ese sentido, la FSSPX también divulga una misiva del “cardenal” Müller, a la sazón perfecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “quien, en junio de 2017, estableció solemnemente, a su manera, los ‘mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica [sic]’, incluyendo explícitamente todo el concilio y el posconcilio. Hay, pues, una diferencia insalvable entre la doctrina de la Iglesia conciliar y la de FSSPX. Luego, el “diálogo específicamente teológico” propuesto por Fernández carece de sentido, y la FSSPX consagrará obispos.

Mas hay otros aspectos de la respuesta que me resultan preocupantes:

1. Error teológico. Este, naturalmente, es el punto más grave. Como es lógico, Pagliarani –con el refrendo de otros cuatro sacerdotes de la FSSPX, dos de ellos obispos- repite en su carta el perenne error teológico que profesa su congregación; responsable, en buena medida, de la frustración de la reacción católica (no “tradicionalista”: sino lisa y llanamente católica). Para Pagliarani y la FSSPX, la auténtica Iglesia y sus auténticas jerarquías, han “recibido, desarrollado y aplicado durante sesenta años” el Concilio Vaticano II, “según orientaciones doctrinales y pastorales precisas”. Ello provoca a la FSSPX no una “simple divergencia de opiniones, sino un verdadero caso de conciencia [...] Lamentablemente, ese complejo ruido se ha vuelto aún más inextricable con los desarrollos doctrinales y pastorales surgidos durante los últimos pontificados”. En pocas palabras: a la FSSPX le provoca un “verdadero caso de conciencia”, un “ruido” el accionar durante los últimos sesenta años de lo que ellos creen que es la verdadera Iglesia y sus verdaderas jerarquías.

Sentencia mayor: A la FSSPX le provoca un “verdadero caso de conciencia”, un “ruido” el accionar durante los últimos sesenta años de lo que ellos creen que es la verdadera Iglesia y sus verdaderas jerarquías.

Ahora bien: es magisterio de la Iglesia católica el que ésta no puede errar. Así, el Papa San Pío X, en su Catecismo (1905), número 176, ante la pregunta ¿puede errar la Iglesia en lo que nos propone para creer?, responde: “No, señor; en las cosas que nos propone para creer la Iglesia no puede errar, porque, según la promesa de Jesucristo, está permanentemente asistida por el Espíritu Santo.” En el mismo sentido, el Catecismo de Trento, en su nota “Apostolicidad de la Iglesia”, establece taxativamente: “Esta Iglesia, por estar gobernada por el Espíritu Santo - no puede errar en materia de fe y de costumbres.

Sentencia menor: El magisterio ordinario universal de la Iglesia católica dispone que ésta no puede errar en materia de fe y de costumbres por estar permanentemente asistida por el Espíritu Santo.

Si se lee cabalmente, ambas sentencias –la mayor y la menor- son contradictorias. Si la verdadera Iglesia católica no puede errar en materia de fe y de costumbres por estar permanentemente asistida por el Espíritu Santo, luego es imposible que a la FSSPX  le provoque un “verdadero caso de conciencia”, un “ruido” su accionar durante los últimos sesenta años. Si la Iglesia erra; si la Iglesia provoca con su accionar un verdadero caso de conciencia o un “ruido”, significa, necesariamente, que no es la verdadera Iglesia: que es otra cosa, pero no la verdadera Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Es la Iglesia “conciliar”, como la he dado en llamar.

El error teológico fundamental de la FSSPX, pues, es desconocer la indefectibilidad de la Iglesia católica.

En esa línea, el propio Lefebvre afirmaba: “Un problema grave se presenta a la conciencia y a la fe de todos los católicos desde el comienzo del pontificado de Pablo VI. ¿Cómo puede un Papa, verdadero sucesor de Pedro, garantizado por la asistencia del Espíritu Santo, presidir la destrucción de la Iglesia, la más profunda y extensa de su historia, en el espacio de poco tiempo, como ningún heresiarca jamás logró hacer?” (Declaración de 2 de agosto de 1976, Itinéraires, n. 206, p. 280). Y agregaba el 6 de octubre de 1978: “Un Papa digno de este nombre y verdadero sucesor de Pedro no puede declarar que se dedicará a la aplicación del Concilio y sus reformas.” (Itinéraires, n. 233, p. 130). Recuérdese, al respecto, que Prevost, alias “León XIV”, dijo en su encuentro con el Colegio Cardenalicio horas después de ser electo “Papa”: “[…] quisiera que renováramos juntos, hoy, nuestra plena adhesión a ese camino, a la vía que desde hace ya decenios la Iglesia universal está recorriendo tras las huellas del Concilio Vaticano II.” A tenor de sus palabras –no de su derrotero práctico-, ¿qué opinaría sobre esto el arzobispo Lefebvre?

En suma, la FSSPX repite en esta circunstancia el error teológico que acarrea desde sus primeros tiempos; error que le impide ver que frente a ella no tiene a la verdadera Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que no puede errar, sino a la Iglesia “conciliar”, empachada de errores.

2. Espíritu de gueto. Según la Real Academia Española, la palabra “gueto” procede del italiano ghetto, y este de Ghetto, zona del barrio veneciano de Cannaregio, donde en 1516 se confinó a los judíos residentes en la República de Venecia. ¡Qué malos que eran los tanos! (¿o los judíos?).  En su primera acepción, significa “judería marginada dentro de una ciudad. La palabra, entonces, tiene una palmaria identificación con el judaísmo.

La FSSPX, en su espíritu, en su manejo, tiene mucho de gueto; mucho de judío y de farisaico. Cualquiera que haya frecuentado sus capillas lo sabe. Y en su respuesta al “cardenal” Fernández, la FSSPX implícitamente lo demuestra. Indiferentes al resto de lo que ellos creen que es la verdadera Iglesia, “le pide únicamente poder continuar haciendo ese mismo bien a las almas”, “nada más, ningún privilegio, ni siquiera una regularización canónica”, en pos de la “supervivencia de la Tradición. El plan es la “experiencia de la Tradición”, en palabras de su fundador; asislados, independientes e indiferentes de lo que ocurra con el resto. Como si la Iglesia verdadera pudiera vivir en este estado de excepción, acéfala, ocupada por herejes y apóstatas, indefinidamente. Como si no hiciera falta un verdadero sucesor de San Pedro, un verdadero Papa, para que la dirija brindándole unidad y confirmando en la Fe a su grey.

 

3. Una infeliz analogía.  “¡Soy yo, el acusado, quien tendría que juzgaros!”. En los últimos párrafos de la epístola se lee: Durante la última década, el Papa Francisco y usted mismo han abogado ampliamente por la escucha y la comprensión de las situaciones particulares, complejas, excepcionales, ajenas a los esquemas ordinarios. También han deseado que el derecho se utilice siempre de forma pastoral, flexible y razonable, sin pretender resolverlo todo con automatismos jurídicos y esquemas preestablecidos. La Fraternidad no le pide otra cosa en este momento [...] Es un momento en el que imploramos al Cielo una gracia especial y, por parte de la Santa Sede, comprensión.

Dos observaciones se imponen:

  1. La FSSPX que, con las reservas anotadas, representa la doctrina católica, de forma insólita se analoga con situaciones particulares, complejas, excepcionales, ajenas a los esquemas ordinarios”, utilizando maquiavélicamente la “pastoral” que en su momento criticó del filo masón Bergoglio (AQUÍ). Según esto, la FSSPX se compara con los sodomitas, o con los adúlteros, etc., a los cuales Bergoglio supo “escuchar” y contener sin “resolverlo todo con automatismos jurídicos y esquemas preestablecidos”.

 

  1. Recientemente, el padre Pierre Roy recordó que Lefebvre, al ser amonestado por la Iglesia conciliar, declaró: “¡Soy yo, el acusado, quien tendría que juzgaros!” (AQUÍ). Lo mismo dijo hace poco el arzobispo Viganó al vivir una situación análoga (AQUÍ). Pero el padre Pagliarani, en representación de la FSSPX, le pide a suEminencia Reverendísima” Fernández[1] y a la “Santa Sede” “comprensión”. La “mala”, la heterodoxa, es la FSSPX; la “buena”, la ortodoxa, es la “Santa Sede”. Quien juzga es el apóstata, miembro de la religión conciliar; el juzgado es el católico. Lamentablemente, mucho ha contribuido a esta subversión propiamente satánica la doctrina y el accionar de la FSSPX.

 

Coda

Si bien la decisión de la FSSPX de consagrar obispos católicos, no obstante la negativa de la Iglesia conciliar, es objetivamente buena (ya que, como afirmó Viganó, la Fraternidad San Pío X no necesita el permiso de quienes han abjurado de la Fe para realizar lo que la Providencia le pide, esto es: perpetuar la línea episcopal fiel a la Tradición) (AQUÍ); observo que, subjetivamente, hay una serie de errores, tanto doctrinales como prácticos, en su respuesta al “cardenal” Fernández.

Si bien en concreto, la consagración de obispos católicos es buena; en general, con la actitud y los errores que repite la FSSPX, la crisis que asola a la Iglesia está lejos de hallar una solución humana.

La FSSPX consagrará obispos, quienes se contentarán con “administar sacramentos” dentro de su “gueto”; pero la Iglesia seguirá acéfala, sin norte, sin unidad, herido el pastor y dispersadas sus ovejas.

Tal parece ser la tónica, que ya lleva décadas, que continuará.



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[1] Un comentario para estimular a los lectores: ¿se imaginan a Santo Tomás de Aquino, o a San Bernardo, o a San Atanasio, dirigiéndose a alguien que estimó “siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María, o que publicó libros eróticos, como Eminencia Reverendísima”? Hay cosas, como esta, que se demuestran “sin ninguna inferencia” (es decir, sin necesidad de un verdadero razonamiento). El padre Gérard des Lauriers, por ejemplo, consideraba que la conclusión “la sede está vacante” es de ese tenor. 

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