Con motivo del anuncio de posibles consagraciones por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, reitero un párrafo del eminente jesuita Joaquín Sáenz y Arriaga, que compartí en mi artículo “Meditación sobre Robert Prevost, alias ‘León XIV’. Su figura, su doctrina. El significado de su elección y perspectiva” (Aquí), de 10 de mayo de 2025:
“Conviene tener ideas muy claras sobre estos puntos, para poder librarnos del chantage de la ‘obediencia’, que los ‘papólatras’ quieren imponernos, como si el culto al Papa, aunque fuese herético, significase la suprema obligación de la vida cristiana. La autoridad y la obediencia son correlativos. Cuando hay crisis de autoridad, necesariamente hay crisis también de obediencia. Porque la autoridad humana, cualquiera que ella sea, es siempre dependiente, es siempre súbdita de otra Suprema Autoridad, a la cual representa, de quien dimana y de la cual nunca puede emanciparse. Al desconocer el hombre, revestido de autoridad en este mundo (cualquier hombre que sea y cualquiera autoridad que tenga) la Suprema Autoridad de Dios, al pretender emanciparse de sus divinos preceptos, imponiéndoles a sus súbditos algo que contradice la Voluntad de Dios, el hombre queda despojado de toda autoridad, no representa ya a Dios, no está respaldado por la Autoridad de Dios; no puede mandar en nombre de Él, al pretender hacerse a sí mismo fuente de toda autoridad y de toda ley. ‘El Estado soy yo’, ‘yo soy la ley’, ‘no hay más autoridad que la mía’. Esto es despotismo, tiranía, abuso del poder. Y los súbditos, al sujetarse contra su conciencia, contra la doctrina inmutable de la fe, contra las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia de veinte siglos, de todos los Papas y de todos los Concilios para aceptar las enseñanzas de los dos últimos Papas y del Vaticano II, haciendo a un lado la tradición, no obedecen, se entregan; ponen al hombre por encima de Dios. La obediencia que no antepone a Dios sobre las leyes y los caprichos de los hombres, lejos de ser virtud es cobardía, es traición al Señor. Por eso dijo San Pedro: Obedire oportet Deo, magis quam hominibus. ES NECESARIO OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES”.
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