Dios me ha concedido tener este fructuoso intercambio con estas tres jóvenes promesas de mi Patria.
¿Quién dijo que está todo perdido?
Dios me ha concedido tener este fructuoso intercambio con estas tres jóvenes promesas de mi Patria.
¿Quién dijo que está todo perdido?
Imagen de época extraída de la revista “Hispanidad” (Montevideo, Uruguay)
Aprovecho este fasto para anunciar que esta primavera se publicará mi libro “Alternativas a la democracia: la España Nacional” (Editorial Santiago Apóstol, Bs. Ars.), en el que se estudia y destaca el sistema político franquista.
Será honrado con el prólogo de Pedro Varela Geiss.
Deo gratias.
He aquí un brillante escrito –sobre un acuciante tema- de una de las jóvenes promesas de esta patria orientala.
Por JUAN ANTONIO HERNANDORENA ORTÍZ*
La nación no es una simple suma de individuos. Si no existe el sentimiento de preservación, el Uruguay dejará de ser tal.
Los compatriotas del interior lo entienden mejor. Pero el montevideano debe empezar a sacarse de la cabeza esa educación y mentalidad cosmopolita, tan normal de concepciones liberales. No existe el ciudadano mundial. Esta es una verdad olvidada en los tiempos que corren y la necesidad de preservar, y no sólo preservar sino también desarrollar, las virtudes del pueblo oriental de matriz católica y europea, es cada vez más urgente.
Los impugnadores de las recientes consagraciones de la FSSPX –tema del que me he ocupado largamente en varios artículos de esta revista (por ejemplo, AQUÍ, AQUÍ, AQUÍ, AQUÍ)-, en general, exponen los argumentos de la “obediencia” y de la “unidad”.
De lo primero, me encargué hace unos meses con sendas publicaciones citando a Sáenz y Arriaga (AQUÍ) y a Disandro (AQUÍ).
De lo segundo, me afano seguidamente con estos aleccionadores párrafos del famoso libro “Complot contra la Iglesia” (1962).
BRUNO ACOSTA
Estas palabras escritas en la revista “Cabildo” por Aníbal D’ Angelo Rodríguez en febrero de 2006 (hace 20 años) son de extraordinaria lucidez, claridad y profetismo.
Vaya esta publicación como homenaje hacia él, a la revista “Cabildo” –y a todos quienes colaboraron con ella- y a su director, mi querido maestro Antonio Caponnetto.
BRUNO ACOSTA