“La Fraternidad San Pío X no necesita el permiso de quienes han abjurado de la Fe para realizar lo que la Providencia le pide, esto es: perpetuar la línea episcopal fiel a la Tradición.”
“Exhorto a la Fraternidad San Pío X a rechazar categóricamente la suspensión de las Consagraciones episcopales anunciadas.”
“No puedo sino tomar nota con dolor e indignación del Comunicado difundido hoy por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, al término de su encuentro con Don David Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
Tras décadas de humillaciones, de diálogos inconcluyentes, de concesiones parciales revocadas con Traditionis Custodes, de silencios ensordecedores sobre las desviaciones doctrinales y litúrgicas difundidas en toda la Iglesia y errores doctrinales y morales aún más graves promovidos desde la más alta Sede, Roma pretende ahora imponer como condición preliminar para el diálogo la suspensión de las Consagraciones episcopales anunciadas por la FSSPX para el 1 de julio — Consagraciones que no constituyen un acto de rebeldía, sino un acto supremo de fidelidad a la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica, Romana, privada desde hace casi sesenta años de Obispos que prediquen la Doctrina íntegra y administren los Sacramentos sin compromisos con el error.
El Comunicado del Dicasterio retoma de modo sutil el mismo esquema modernista ya visto en 1988: se ofrece un ‘diálogo teológico’ sobre cuestiones que la Santa Sede siempre ha rehusado afrontar seriamente — la libertad religiosa, la colegialidad episcopal destructiva, el ecumenismo panherético, la declaración Nostra Ætate que equipara falsas religiones con la única verdadera Fe, el Documento de Abu Dabi — mientras se amenaza con el ‘cisma’ por el único gesto que podría garantizar la certeza de la Sucesión Apostólica.
El verdadero cisma no es el de quien consagra Obispos para custodiar y transmitir íntegramente la Fe Católica, sino el cometido por la Jerarquía conciliar y sinodal que ha renegado de la Tradición Apostólica, sustituyendo la Doctrina por ambigüedades heréticas, el Culto católico por una liturgia protestantizada y la Autoridad por un poder totalitario ejercido contra los fieles que rechazan la apostasía. La Fraternidad San Pío X no necesita el permiso de quienes han abjurado de la Fe para realizar lo que la Providencia le pide, esto es: perpetuar la línea episcopal fiel a la Tradición. Monseñor Marcel Lefebvre no actuó por cisma, sino por estado de necesidad; el mismo estado de necesidad que persiste hoy, agravado por la persecución sistemática de la Misa tradicional y la imposición de falsas doctrinas que contradicen el Magisterio perenne.
Por tanto, con la claridad que la situación exige y con la responsabilidad que corresponde a quien ha jurado defender la Fe hasta la efusión de sangre:
• Exhorto a la Fraternidad San Pío X a rechazar categóricamente la suspensión de las Consagraciones episcopales anunciadas. No son negociables: constituyen un deber sagrado ante Dios y ante las almas;
• Exhorto a rechazar cualquier ‘diálogo teológico’ que parta del supuesto de que el Concilio Vaticano II es compatible con la Tradición. El problema no es ‘interpretar’ el Vaticano II, sino reconocer que introdujo errores que lesionan la doctrina católica en puntos esenciales y perjudican la salvación de las almas;
• Declaro que la verdadera comunión eclesial no se mide por el reconocimiento canónico de una Jerarquía que ha perdido la Fe, sino por la fidelidad íntegra a la Revelación divina, al Magisterio bimilenario y a los Santos Sacramentos transmitidos sin adulteración;
• Invito a todos los católicos de buena voluntad — clero, religiosos y fieles — a reconocer que el estado de necesidad perdura y que la salvación de las almas exige pastores que no pacten con el error.
Estoy seguro de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X continuará rezando por la conversión de los pastores infieles y por el triunfo del Corazón Inmaculado de María. Y que no trocará la Verdad por un reconocimiento que significaría aceptar el error y traicionar la herencia de su Fundador, el venerado Arzobispo Marcel Lefebvre”.
+ Carlo Maria Viganó, Arzobispo
Viterbo, 12 de febrero de 2026
Fuente: “Arcivescovo Carlo Maria Viganò” (perfil de X)
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