viernes, 10 de mayo de 2024

MÁS DE LO MISMO, SOBRE LO MISMO

Para mi sorpresa y felicidad, me llega un mensaje procedente de la Argentina: un seguidor de mi revista y de mi actividad en general. Dice coincidir en mi reiterado diagnóstico sobre la decadencia moral y cultural que padecemos; conoce al Uruguay y acredita que en los últimos años la delicuescencia ha sido vertiginosa.

Temo que no sean muchos los que logren ver que la oscuridad nos está acorralando. La masa, en general, sigue el curso de su vida acríticamente. Además, para columbrar el grado de oscuridad que sufrimos, hay que conocer la lumbre. En otras palabras, para comprobar (y denunciar) la decadencia, la barbarie, la incultura, hay que conocer la CULTURA. Y la masa -y el uruguayo en particular- no la conoce.

Nuestro tiempo se asemeja a la Baja Edad Media, entre la caída del Imperio Romano y el siglo XI. Aquélla época, denominada comúnmente la “Época Oscura”, fue de brutalidad y superstición. El mundo occidental se volvió una nube de tinieblas, y la única luz que pervivió, tenaz y heroicamente, fue la de la Iglesia Católica. Ésta, gracias a una paciente labor cultural y educativa, logró que Occidente se salvara y gozase del renacer de la Alta Edad Media.

Si hubiese sido por los bárbaros de la “Época Oscura”, los libros y las bibliotecas estarían quemados; todo se hubiese perdido. La labor de los monjes copistas, verbigracia, logró que el legado cultural greco- romano- católico fuese salvado.

Hoy, la situación es similar. Los bárbaros de la actualidad son los revolucionarios liberales y marxistas quienes, al desarraigar al hombre en todos los planos, crean -gradual o abruptamente- nuevos seres humanos primitivos. Individuos presos de sus pasiones, de sus instintos, de sus pecados: de la lujuria y de la violencia. Y la lujuria y la violencia -la destemplanza, en definitiva- son lo opuesto a lo requerido para la alta cultura. Esa lujuria y violencia que corroe a mi Uruguay -son cotidianas las noticias protagonizadas por travestidos, homosexuales, homicidas o violadores- son vicios primitivos, instintivos, animales, irracionales, cuando la cultura precisa lo contrario: refinamiento, reflexión, humanidad, racionalidad. Y, para ello, es necesario encauzar al hombre en la Ley de Dios y en la Ley Natural, pues sometido a su arbitrio -como quieren los revolucionarios- sólo halla su perdición.

Convirtámonos en nuevos monjes; salvemos nuestro legado y nuestra cultura.

BRUNO ACOSTA

 

Posdata: Al tiempo que escribo estas líneas, leo en un libro de José María Pemán, fino autor español, en el que retrata su viaje por Hispanoamérica, lo siguiente: “los argentinos son los hombres mejor educados del mundo”. Esto fue escrito en 1941: ¿qué le ocurrió a la Argentina en estos ochenta y tres años?

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