Para mi sorpresa y felicidad, me llega un mensaje procedente de la
Argentina: un seguidor de mi revista y de mi actividad en general. Dice
coincidir en mi reiterado diagnóstico sobre la decadencia moral y cultural que
padecemos; conoce al Uruguay y acredita que en los últimos años la delicuescencia
ha sido vertiginosa.
Temo que no sean muchos los que logren ver que la oscuridad nos está acorralando. La masa, en general, sigue el curso de su vida acríticamente. Además, para columbrar el grado de oscuridad que sufrimos, hay que conocer la lumbre. En otras palabras, para comprobar (y denunciar) la decadencia, la barbarie, la incultura, hay que conocer la CULTURA. Y la masa -y el uruguayo en particular- no la conoce.