Mi amigo Juan Carlos Monedero ha demostrado, con denuedo,
que la teoría de su tocayo Darwin es falsa; esto es, para el vulgo, que el
hombre procede del mono.
Ahora bien: me permito disentir con él. O, al menos, plantear un matiz. Puesto que creo que no es que el hombre proceda del mono, sino que el hombre, con el ineluctable acontecer del tiempo, SE VOLVERÁ UN MONO. No procede, sino que se tornará mono.