El cambio doctrinal respecto del judaísmo, aproximadamente a
partir del nefasto Concilio Vaticano II, es de las llagas más grandes que a la
Iglesia infligieron
sus enemigos. A este respecto, presentamos un extracto
del prólogo a la edición italiana del libro “Complot contra la Iglesia”.
Se comprobará que los conspiradores efectivamente pudieron dar ese golpe, con
las terribles consecuencias anunciadas.
“Otro de los planes siniestros que fraguan es
el de lograr que la Santa Iglesia se contradiga a sí misma, perdiendo con ello
autoridad sobre los fieles, porque luego proclamarán que una institución que se
contradice, no puede ser divina. Con este argumento piensan dejar las iglesias
desiertas y lograr que los fieles pierdan toda su fe en el clero para que lo
abandonen.”
“ […] los siniestros conspiradores traman que
la Santa Iglesia, al condenar el antisemitismo se condene a sí misma, con los
resultados desastrosos que es fácil comprender.”
Roma, 31 de agosto de 1962.