
que nos han acompañado a lo largo de estos casi tres años de prédica. ¡Felicidades!

En la vía pública montevideana, a Dios gracias, el bozal había desaparecido. Lo había hecho en todos los ámbitos de la vida, salvo en los hospitales: claro, allí es el reducto de los médicos y de las farmacéuticas, los que más han lucrado con el curro y la mentira del covid.
¿Cuál fue la razón por la que el bozal, repentinamente, desapareció? Fácil: los medios masivos de desinformación abandonaron su campaña de terror. Sencillamente, se dejó de hablar del tema. Y, mientras antes existía un parte de guerra diario que informaba sobre las presuntas muertes por covid, ese parte pasó a ser semanal; y éste, a veces, ni siquiera era publicado.
En el Uruguay, se viven horas de tensión política por el “caso Astesiano”. Este affaire puede resumirse así: la existencia de una asociación para delinquir comandada por el jefe de la seguridad del Presidente Lacalle Pou en el piso 4 de la mismísima torre de Presidencia. Astesiano es un viejo conocido de la familia Lacalle, y contaba con profusos antecedentes penales al momento de ser elegido jefe de seguridad, lo cual estaba en conocimiento del Presidente.
“Esto es para ti, querido lector. Juntos haremos como aquéllos viejos monjes de la Alta Edad Media, de la Época Oscura, después de las invasiones bárbaras, que conservaron la cultura en medio del silencio de las noches monacales.”
Estamos con ganas de retomar el noble oficio de la pluma. Oficio que, como todos los oficios que implican cierta artesanía, se está perdiendo.
La cultura se hunde cada vez más. Se entierra de forma cada vez más profunda, y en la superficie queda solamente… lo pedestre, lo superficial. Es que la cultura requiere las profundidades y las honduras que solamente regalan el reposo, el silencio, la contemplación, la introspección. Mas nuestro mundo está enfermo, Internet mediante, smartphone mediante, tecnología mediante, de disipación, de ruido, de alboroto. No es en la disipación, no es en el ruido, no es en el alboroto que se encuentra la verdadera cultura, el verdadero culto, el verdadero Dios. “En medio del silencio de la noche, nació la Palabra”. En medio del silencio. No del Tik Tok, ni del Instagram, ni del Whatsapp.
No nos figuramos a un San Bruno o a un San Benito con celular. No nos los figuramos padeciendo ese torbellino de distracciones que –probado está por los especialistas- generan la misma adicción que las drogas duras. Por fuera está de la voluntad de los particulares el dominio de esos aparatos, como por fuera queda el dominio de las drogas: son adictivas y malas per se.
La escritura, decíamos. La escritura requiere un tiempo. Reposo. Silencio. Bienes hoy escasísimos fruto de la vorágine que mentábamos. Y también precisa lectores. Lectores con tiempo. Reposados. En silencio: casi no los hay. Nosotros, no obstante, nos dirigiremos a los pocos que haya; no abdicaremos de nuestro noble oficio de escritor.
Entonces, esto es para ti, querido lector. Juntos haremos como aquéllos viejos monjes de la Alta Edad Media, de la Época Oscura, después de las invasiones bárbaras, que conservaron la cultura en medio del silencio de las noches monacales. Contemplando. En Silencio. Sin celulares.
BRUNO ACOSTA
“La Mañana”, 29 de junio de 1973:
“La crisis política
desatada desde las elecciones de 1971 culminó en la madrugada del miércoles con
la disolución, por el Poder Ejecutivo, de las cámaras de Senadores y de
Representantes.
[…] Debemos decir
con entera franqueza que estimamos que no
es solamente la lógica consecuencia de un largo desarrollo político, sino
también la inevitable y única salida posible del mismo.
Al Presidente de la República no le quedaba otro camino para salvar la esencia de las instituciones y la integridad nacional de la paz interna.
Los politiqueros son esencialmente mentirosos. Y la democracia es esencialmente una mentira (“el sufragio universal es la mentira universal”, sentenció Pío IX). Esto es ostensible.
Tras prometer en campaña electoral que si era ungido por la mitad más uno, no aumentaría los combustibles, el fantoche de Lacalle Pou acaba de decretar su NOVENO aumento en lo que va del gobierno, y el QUINTO consecutivo.
Cosas de la democracia…