En la línea de la publicación anterior (Clic aquí), compartimos ahora lo más saliente del artículo “Smartphones” del padre Álvaro Calderón (FSSPX), divulgado en el número 155 de la revista “Iesus Christus”, julio/ septiembre de 2016.
“Los sacerdotes no dejamos de asombrarnos por los multifacéticos daños que producen estos aparatitos endiablados. Asombrados, atemorizados, es más, si no estamos horrorizados como deberíamos es porque se han ido dando poco a poco y uno se termina acostumbrando. Intentemos hacer una lista de los males, que a veces son tan graves que se hace inconveniente describirlos [...]”
“Desventuranza de la impureza. Se lleva en el bolsillo una amplísima biblio-audio videoteca con una casi infinita sección de pornografía, para cuyo acceso no hace falta pasar la vergüenza de hacer fila en un cine de mala fama, ni dar la triste cara ante un kiosquero que saca plata de la miseria ajena; basta apretar un discreto botón. Se vive en perpetua ocasión, con una bolsa de sucia nafta en la mano, dispuesta a arder con la chispa de la primera tentación. ¿Qué virtud no hace falta para no terminar nunca incendiado?
Desventuranza de la impudicia. En el varón se da más la tentación de ver, en la mujer de ser vista. Que la vean pero no la toquen. Y en su orgullo, la jovencita quiere ser vista sin que se note que se muestra, como por sorpresa [...] Y los papás siguen tranquilos, cuando el noviecito tiene una ventanita abierta al cuarto de su hija.”
Desventuranza de la irreflexión. “[...] Hoy se tienen mil cines abiertos en el bolsillo, se mantienen mil conversaciones, mil noticias en vivo bombardean el cerebro. No queda un segundo, no ya de contemplación, sino de pensamiento. La ebullición de la actividad imaginativa se vuelve obsesiva y tiende a anular toda actividad propiamente intelectual. No de otra manera se da la posesión demoníaca.”
“El apego a los celulares es tan grande, y los males que trae son tan vergonzosos, que lo que seguramente se reconoce en los confesionarios, ni se menciona en la mesa familiar y se hace difícil tratar desde el púlpito. [...] No hagamos como el avestruz, cerrando los ojos ante el mal que sufrimos. Si la imprenta dio lugar a la reforma protestante, si la radio y la televisión permitieron la revolución conciliar, ¿qué nueva etapa nos prepara internet y el smartphone? Algo hay que hacer.”
“¿Qué hacer? No a todos les conviene lo mismo, ni todos son capaces de lo mismo, por lo que hasta puede ser contraproducente dar recetas universales.
• Hay una falsa sensación de seguridad por tener celular, cuando más asaltan para robarlos: confíese más en el ángel de la guarda, que no es virtual.
• Cuando hay que usarlos, sirve no tener celulares personales sino familiares, que se toman cuando son necesarios.
• No usarlo en casa sino al salir, dejándolo en la entrada, como el paraguas. Impedir la conexión wifi en el hogar. ¡Ay, para qué seguir, si nada va a bastar si no se odia la fuente de tanto mal! Hay que hablar mal de él, hacerle la mala fama que se merece, luchar contra el hechizo bajo el que nos tiene. Si no lo apagamos, perderemos –nosotros y nuestros hijos– a Dios Nuestro Señor.”
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