
Creíamos que nos
estaba chanceando; que el esperpéntico sujeto, de nombre Daniel Caggiani,
estaba haciendo una puesta en escena humorística, de época, situada en la
década del sesenta. Que se decía “tupamaro”, es decir, cruel terrorista que
asoló al Uruguay, en broma –si cupiese-; que figuraba a su izquierda una
esotérica estrella de cinco puntas -vinculada al movimiento terrorista- para
hacer aún más verosímil el acting.
Pero no: hablaba en serio.